Deméter empezó como una aventura corta, pensada para tres sesiones, y ha terminado acompañándonos durante más de un año. La vida se metió por medio (ausencias, viajes, parones largos) y durante un tiempo tuve la sensación de que el hecho de acabarla iba a terminar siendo tan importante como el propio final. Aun así, la historia aguantó; más aún: se quedó en nosotros.
Al dirigir la estupenda aventura de «Lord Guzmán», tuve la suerte de contar con excelentes jugadores de nuestro querido Club Dragom y, desde la primera sesión, los PJ no se limitaron a «actuar». Hubo silencios, recuerdos, miradas hacia dentro. Los PJ reaccionaban al entorno desde sus pérdidas, deseos y contradicciones, y esa forma de interpretar se mantuvo hasta el final, incluso tras meses sin tocar la partida. Eso fue lo que mantuvo a flote al Deméter cuando el tiempo real amenazaba con hacerlo zozobrar.
La trama avanzaba despacio, dejando siempre la sensación de que algo se entendía… pero no del todo. Los PNJ hablaban a medias, las pistas no terminaban de encajar y el mundo parecía operar con reglas ligeramente distintas a las conocidas. Pero no hubo frustración, sino una aceptación progresiva de que no todo podía ser explicado. Para PJ de ciencia, modernos y urbanos, aquello supuso ampliar los límites de lo posible sin renunciar a la razón. Simplemente, asumir que había zonas sin cartografiar.
Hubo alguna decisión de montaje tomada con el reloj apretando. No todo fue perfecto ni milimétrico, pero sí honesto. Y creo que todos (aunque fuera inconscientemente) aceptamos cerrar la historia cuando pedía ser cerrada, antes que alargarla y perder el pulso emocional que habíamos construido durante tanto tiempo.
El epílogo fue, quizá, lo que terminó de darle sentido a todo:
- Hughes no se unió a Van Helsing pero siguió su propio camino en la caza de las sombras, convirtiéndose en el primer «agente de la noche».
- Maggie no contó la verdad en el periódico pero siguió de cerca los avances del caso, escribió la historia de Lucy y años más tarde la publicó como novela bajo el seudónimo de «B.S.».
- Thomas quedó marcado para siempre tras haber transitado los límites de la razón y acabó convirtiéndose en una eminencia de la ciencia forense.
- Lewis, que fue quién cruzó la línea, dejó de ser una víctima y se unió a Van Helsing en su caza.
Su última decisión antes de abandonar Whitby, prender el barco en llamas y echarlo a la mar, cerraba el arco de forma perfecta y nos regalaba una última imagen del funesto y ardiente navío fundiéndose con el astro rey en el horizonte. Nunca más se volvió a ver a la Dama Blanca, pero desde entonces los niños del lugar no volvieron a dormir sin miedo.
Cerrar Deméter me ha dejado una sensación extraña y bonita a la vez: tras un año, tenía tantas ganas de acabarla como, ahora, de volver a ella. Quizá algunas historias no están hechas para agotarse del todo. Quizá está bien que queden rescoldos.
Muchísimas gracias a «Lord Guzmán» por tan maravillosa y atmosférica aventura, a Cristina «Fedora» por tan elegante apartado visual y su inestimable ayuda con Thomas, y a vosotros, jugadores, que subisteis al Deméter sabiendo que no todo viaje tiene regreso. El navío ardió… pero hay fuegos que solo esperan otro momento para volver a verse desde la costa.
¡Hasta pronto!

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